Presencialidad en la mira.. ¿Avance o Retroceso?

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En los últimos meses, ha resurgido en Argentina y en varios países del mundo una fuerte tendencia a volver a la presencialidad plena en los ámbitos laborales. Lo que en la pandemia del COVID-19 fue celebrado como un avance –la posibilidad de trabajar desde casa, optimizando tiempos y recursos– hoy parece estar siendo descartado sin una reflexión profunda sobre sus beneficios.

Durante el Home Office, se registraron numerosos beneficios… Millones de trabajadores demostraron que esta modalidad de trabajo no solo es posible, sino que en muchos casos aumenta la productividad y mejora la calidad de vida. Trabajar desde casa reduce el estrés, disminuye los tiempos de traslado y permite una mejor conciliación entre la vida laboral y personal. Además, representa un ahorro económico tanto para los empleados como para las empresas, que pueden reducir sus costos operativos.

El Medio Ambiente también opina.. durante la pandemia, la reducción del tráfico vehicular tuvo efectos positivos inmediatos: menor contaminación, reducción del consumo de combustibles fósiles y una significativa mejora en la calidad del aire en muchas ciudades. Volver a llenar oficinas sin necesidad implica retomar una rutina que impacta negativamente en un planeta en estado de emergencia continua.

Entonces…porque ignorar lo que aprendimos. Durante la crisis sanitaria, se habló extensamente de cómo la flexibilidad laboral podía mejorar la productividad sin sacrificar la eficiencia. Se hicieron estudios, se redactaron informes, se promovió la digitalización, etc, etc… Sin embargo, todo eso parece haber quedado en el olvido con el simple argumento de que “siempre se trabajó así”. ¿Es realmente un avance volver a modelos rígidos y desgastantes?

La economía barrial también opina, ya que uno de los efectos positivos menos mencionados del home office, fue el impulso a los pequeños emprendimientos barriales. Con más personas trabajando desde sus hogares, florecieron cafeterías y comercios locales en barrios como Caballito, Flores, Almagro y Belgrano, donde la gente puede sentarse a trabajar con tranquilidad o hacer take away, con la comodidad y seguridad de sentirse a pasitos de su casa. Este fenómeno no solo revitaliza la economía local, sino que también promueve una forma de consumo más cercana y sostenible. La vuelta a la presencialidad plena podría afectar este crecimiento y llevar al cierre de muchos de estos emprendimientos.

Para muchas personas, especialmente aquellas mayores de 50 años, la vuelta a la presencialidad total representa un desafío aún mayor. No solo implica un desgaste físico fuerte, sino también un impacto emocional y psicológico. ¿No sería más lógico permitir que quienes lo deseen continúen con un esquema híbrido? Dar la opción de ir a la oficina un par de veces por semana podría ser una solución intermedia que beneficie a todos.

Imponer la presencialidad plena sin considerar sus efectos es claramente un retroceso. El teletrabajo no es un privilegio, sino una herramienta que ha demostrado ser efectiva y beneficiosa. ¿Por qué ignorar todo lo aprendido? En lugar de forzar un regreso masivo, los empleadores deberían replantear modelos más flexibles y modernos, adaptados a las verdaderas necesidades de las personas y del planeta.