Planear la maternidad implica mucho más que dejar los anticonceptivos. Cada vez más mujeres deciden anticiparse y preparar su cuerpo antes de iniciar la búsqueda de un embarazo, con el objetivo de mejorar sus posibilidades de concebir y transitar una gestación saludable. En ese camino, la evidencia científica y la práctica médica coinciden en tres ejes centrales: adoptar hábitos saludables —con foco en la alimentación—, comprender qué ocurre al suspender los anticonceptivos y realizar estudios previos que permitan conocer el punto de partida reproductivo.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la salud reproductiva forma parte del bienestar integral y se ve influida por factores nutricionales, hormonales y ambientales que se construyen a lo largo del tiempo. Por eso, la etapa previa a la concepción resulta clave.
Hábitos saludables y alimentación: preparar el cuerpo desde lo cotidiano
La alimentación y el estilo de vida influyen de manera directa en la fertilidad femenina y masculina. Diversas investigaciones publicadas por la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos (National Library of Medicine) señalan que los patrones de alimentación saludables previos a la concepción se asociaron con una mejor calidad de los óvulos y de los espermatozoides, además de una mayor tasa de embarazos.
En línea con estas evidencias, el área Procrearte Nutrición, coordinada por la nutricionista Fedra Defendente, especialista en patologías digestivas y modulación funcional de la microbiota intestinal, trabaja sobre la base de que la salud reproductiva se construye día a día. “La cantidad y la calidad nutricional de los alimentos que elegimos tienen una relación muy estrecha con la fertilidad, tanto en mujeres como en hombres”, explicó la especialista.
Según estudios citados por la OMS, una alimentación equilibrada —rica en vegetales verdes, frutas, cereales integrales, pescados grasos y grasas saludables— ejerce una influencia positiva sobre el equilibrio hormonal y la ovulación. Nutrientes como el ácido fólico, los ácidos grasos omega-3, el hierro y las vitaminas A, D, C y E resultan fundamentales en la etapa preconcepcional.
Defendente advierte que los patrones de alimentación proinflamatorios, combinados con sedentarismo, estrés sostenido y consumo excesivo de alcohol, influyen negativamente en la fertilidad. “No alcanza con tratar los síntomas. Modificar el patrón de alimentación es clave para mejorar la regulación hormonal y aumentar las probabilidades de concepción”, sostiene.
En esa línea, desde Procrearte remarcan que algunos alimentos cumplen un rol especialmente relevante en la preparación para el embarazo. La palta, por su aporte de vitamina E y grasas monoinsaturadas, contribuye al equilibrio hormonal y a la calidad ovocitaria. Los pescados grasos, como el salmón o la sardina, son una de las principales fuentes de ácidos grasos omega-3, asociados a una mejor regulación de las hormonas sexuales y a una ovulación más eficiente. A su vez, los vegetales de hoja verde, ricos en ácido fólico y antioxidantes, resultan clave para proteger las células reproductivas y favorecer el desarrollo embrionario desde las primeras etapas.
“No se trata de sumar alimentos aislados, sino de construir un patrón de alimentación fértil, sostenido en el tiempo”, suma Defendente, al tiempo que subraya que estas elecciones cotidianas “impactan tanto en la capacidad de concebir como en la calidad del embarazo”.
La evidencia también muestra que el peso corporal cumple un rol central. Investigaciones clínicas indican que tanto el bajo peso como el sobrepeso y la obesidad se asocian con alteraciones ovulatorias y menor tasa de embarazo, incluso en tratamientos de reproducción asistida.
En ese sentido, la clínica insiste en que pequeñas decisiones diarias —qué se come, cómo se descansa y cómo se gestiona el estrés— pueden tener un impacto acumulativo en la salud hormonal y reproductiva.
Dejar los anticonceptivos: qué esperar y cuándo consultar
Uno de los principales interrogantes al planear un embarazo es qué ocurre con la fertilidad luego de suspender los anticonceptivos hormonales. La evidencia científica es clara: los anticonceptivos no dañan la fertilidad a largo plazo.
Según una revisión sistemática publicada en Contraception and Reproductive Medicine, basada en más de 14.000 mujeres que discontinuaron distintos métodos anticonceptivos, el 83,1 % concibió dentro del primer año tras dejarlos, y este resultado fue similar entre métodos hormonales y dispositivos intrauterinos.
Sin embargo, la recuperación del ciclo ovulatorio no siempre es inmediata. Algunas mujeres ovulan al mes siguiente, mientras que otras pueden tardar tres o seis meses en regularizar su ciclo. “Cada cuerpo responde de manera distinta y ese tiempo de adaptación es normal”, explicó Gastón Rey Valzacchi, director de Procrearte.
El especialista remarca que, aunque la fertilidad se recupera, la edad sigue siendo un factor determinante. “Suspender anticonceptivos no revierte el impacto del paso del tiempo sobre la calidad ovocitaria. Por eso, evaluar la reserva ovárica puede ser una herramienta clave para tomar decisiones informadas”, señaló.
Estudios previos: información que cuida tiempo y oportunidades
Las guías de salud reproductiva de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos recomiendan que las mujeres que planean un embarazo realicen una evaluación preconcepcional, incluso si no presentan dificultades aparentes para concebir.
Estos controles suelen incluir análisis de sangre, evaluación hormonal, revisión del estado nutricional, chequeo de enfermedades preexistentes y actualización del esquema de vacunación. “Los estudios no son una pérdida de tiempo: son información que cuida el tiempo, la energía y las chances de embarazo”, afirmó Liliana Blanco, directora de Procrearte y Maternity Bank.
Blanco subrayó la importancia de incorporar estos estudios dentro de la consulta ginecológica anual. “Más allá del Papanicolaou o la colposcopía, sería clave evaluar la reserva ovárica. Esto se hace con un análisis de sangre, la hormona anti mülleriana, y una ecografía transvaginal en los primeros días del ciclo para contar los folículos antrales”, explicó.
Según la especialista, cuando esos valores son adecuados, permiten orientar a la paciente y ganar tranquilidad. Pero cuando no lo son, funcionan como una señal de alerta temprana. “Incluso en mujeres jóvenes, puede ser una ‘tarjeta amarilla’ que permita anticiparse, preservar fertilidad o tomar decisiones sin perder tiempo”, advirtió.
Cuando aparecen dificultades para quedar embarazada
En los casos en los que el embarazo no llega tras varios meses de búsqueda, los estudios adquieren un rol aún más estratégico. En clínicas de medicina reproductiva como Procrearte, la evaluación inicial incluye un abordaje integral que analiza la reserva ovárica, el estado hormonal, la anatomía uterina y ovárica y, cuando corresponde, estudios complementarios tanto en la mujer como en la pareja.
Blanco explicó que estos procesos requieren estudios específicos y protocolos seguros. “Trabajamos con ecografías transvaginales y procedimientos que se realizan en quirófano por una cuestión de seguridad. Por eso, de rutina solicitamos estudios prequirúrgicos y planificamos cada paso según el momento del ciclo”, detalló.
Este enfoque permite no solo diagnosticar posibles causas de infertilidad, sino también optimizar las estrategias terapéuticas, reducir tiempos y mejorar resultados. “Conocer el punto de partida es parte del acompañamiento”, resumió.
Una preparación integral
Planear la maternidad es una decisión que se construye con información, prevención y acompañamiento profesional. La adopción de hábitos saludables, la comprensión del funcionamiento del cuerpo tras dejar anticonceptivos y la realización de estudios previos permiten transitar la búsqueda de embarazo con mayor previsibilidad y menos incertidumbre.
Desde su enfoque integral, Procrearte propone acompañar a las mujeres no solo cuando aparecen dificultades, sino desde el inicio del proyecto reproductivo, con una mirada que articula salud, bienestar y medicina basada en evidencia.





































