La reciente visita del influyente creador de contenido MrBeast a las pirámides de Egipto ha causado revuelo en el mundo del turismo. Mientras millones celebran la difusión de estas maravillas de la antigua civilización egipcia, la cuestión subyacente del acceso exclusivo a estos atractivos, plantea un debate profundo sobre la justicia y la protección del patrimonio cultural. Si bien la publicidad global que genera esta experiencia podría tener efectos positivos sobre el turismo en Egipto, la pregunta es clara: ¿es justo que el dinero y la fama otorguen privilegios en lugares que deberían ser de acceso universal?
Las pirámides de Egipto, símbolo de una de las civilizaciones más antiguas y avanzadas del mundo, fueron alquiladas por MrBeast para grabar un video exclusivo en el que tuvo acceso a las tres grandes pirámides de Giza durante 100 horas. Todo esto no solo fue permitido, sino que fue facilitado por autoridades egipcias, que convirtieron una de las maravillas del mundo en un set de grabación para el entretenimiento masivo. El acceso exclusivo a estas estructuras por parte de un influencer millonario resalta un fenómeno que se está volviendo cada vez más común en el turismo actual: el privilegio de aquellos con alto poder adquisitivo. Mientras miles de turistas se ven limitados a recorridos organizados, restringidos a áreas predeterminadas y con reglas estrictas, figuras públicas como MrBeast tienen la libertad de recorrer, filmar y grabar en espacios donde otros no tienen acceso. Esto nos lleva a una pregunta crucial: ¿debería el dinero ser el factor determinante para acceder a lugares de tanto valor cultural y simbólico?
La crítica a esta situación no solo radica en el acceso exclusivo, sino en la desprotección del patrimonio cultural. Las pirámides de Giza, al igual que otros sitios patrimoniales alrededor del mundo, están protegidas por tratados internacionales debido a su valor histórico y cultural. Permitir que un millonario youtuber alquile este patrimonio por una suma de dinero plantea un escenario peligroso: ¿Se está haciendo la vista gorda a la conservación por intereses económicos? Según un artículo publicado en el medio especializado Ladevi, la situación plantea una reflexión importante sobre el turismo de lujo. Ladevi resalta cómo, en muchos casos, las autoridades competentes cierran los ojos ante los riesgos que representa el acceso exclusivo de figuras influyentes. El dinero, en estos casos, parece ser el factor determinante para decidir qué se puede o no hacer en los sitios históricos. El entretenimiento y la fama parecen tener prioridad sobre la conservación, y esta doble moral es la que genera la mayor preocupación.
El caso de MrBeast y su acceso exclusivo a las pirámides es solo un ejemplo de cómo se perpetúa la desigualdad en el acceso a patrimonios culturales. Mientras que miles de turistas deben conformarse con visitas guiadas, recorridos controlados y estrictas restricciones, los que tienen recursos económicos pueden disfrutar de una experiencia personalizada, sin limitaciones. Además, el acceso exclusivo de personas famosas no solo es una injusticia para los turistas comunes, sino también para los propios ciudadanos egipcios que ven cómo su patrimonio se utiliza como una mercancía, puesta a disposición de quien pueda pagar por ella. Esta práctica pone en evidencia una crítica estructural al modelo turístico: ¿Qué valor tienen los patrimonios culturales si no se respetan los principios de acceso democrático y conservación? Cuando el dinero decide qué lugares se pueden visitar y qué actividades se pueden realizar, se pierde el sentido mismo de preservar y proteger para las generaciones futuras.
El turismo moderno está siendo moldeado por las redes sociales y los influencers, quienes generan una nueva forma de promoción de destinos y patrimonios culturales. Sin embargo, el modelo de turismo de lujo y exclusivo no debe ser el que guíe la gestión de los patrimonios mundiales. Si bien las campañas de promoción pueden ser valiosas para el crecimiento económico de un país, la conservación debe ser siempre la prioridad. Los patrimonios no son mercancías que se venden al mejor postor, sino legados que deben preservarse y respetarse.
El debate es claro: ¿es posible equilibrar el acceso comercial con la protección de la historia y la cultura? ¿Hasta qué punto el turismo puede ser un motor económico sin sacrificar la esencia misma de los sitios que visita?
La situación en Egipto no es un caso aislado, y la reflexión que propone Ladevi es más que pertinente: ¿Quién tiene derecho sobre lo que es patrimonio de todos? Si el dinero es el único factor que determina el acceso a estos sitios, debemos replantearnos el modelo turístico que estamos promoviendo. Es hora de que las autoridades turísticas y patrimoniales revisen sus políticas, buscando un equilibrio entre la promoción de los destinos y la protección de su valor cultural. La reflexión debe ser clara: el acceso a los patrimonios debe ser justo, y el dinero no puede seguir siendo el factor determinante para abrir puertas a quienes consideran que todo tiene un precio. El futuro del turismo dependerá de cómo logremos preservar la riqueza cultural sin caer en las garras del entretenimiento comercial.
Fuente: Ladevi



































