
Elegir un perfume no es solo cuestión de gusto: también es cuestión de piel. Una misma fragancia puede oler más dulce, más intensa o más suave según quién la use. Esto no es un mito de la perfumería: es química y fisiología.
Cada piel tiene características propias —como el pH, el nivel de hidratación y la temperatura corporal— que influyen en cómo se evaporan y se perciben las notas aromáticas. Por eso, una fragancia evoluciona distinto a lo largo del día en cada persona. El perfume no es un objeto aislado: es un diálogo entre la fórmula y la piel.
Incluso factores como la alimentación, el clima y el tipo de piel (seca, mixta o grasa) pueden modificar la duración y la proyección del aroma. En pieles más hidratadas, por ejemplo, las fragancias suelen fijarse mejor; en pieles secas, tienden a evaporarse más rápido.
La buena noticia es que, con una aplicación correcta, se puede ayudar a que el perfume se exprese mejor y dure más.
Pasos para aplicar el perfume y potenciar su duración
Aplicar sobre piel limpia
Después de la ducha es uno de los mejores momentos: los poros están más receptivos.
Hidratar antes
Usar crema corporal neutra o de la misma línea de la fragancia mejora la fijación.
Elegir puntos de pulso
Muñecas, cuello, detrás de las orejas, pliegue del codo. El calor corporal ayuda a difundir el aroma.
No frotar
Frotar rompe la estructura de las notas y altera la evolución del perfume.
Aplicar a distancia corta
Unos centímetros de la piel son suficientes; no hace falta “bañarse” en fragancia.
Reaplicar si es necesario
Especialmente con fragancias más livianas o en climas cálidos.
Porque en perfumería, no solo importa qué aroma elegís —sino cómo se encuentra con tu piel.


































