Educar para conservar – el rol de la educación ambiental en la protección de los glaciares.

Por Hernán Capone, presidente de Hielo & Aventura

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Cada 26 de enero, el Día Mundial de la Educación Ambiental nos invita a detenernos y repensar una cuestión clave para el futuro de los territorios, de los ecosistemas y de las sociedades que los habitan: cómo aprendemos a vincularnos con el ambiente que nos rodea. En un escenario global atravesado por el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la creciente presión sobre los recursos naturales, el saber deja de ser un concepto abstracto para convertirse en una herramienta concreta de transformación.

En la Patagonia argentina, y particularmente en el entorno del Parque Nacional Los Glaciares, esta reflexión cobra un significado especial. Allí, estos grandes cuerpos de hielo cumplen un rol esencial en el equilibrio, en la regulación del clima y en el abastecimiento de agua dulce. Comprender su funcionamiento, su fragilidad y los desafíos que enfrentan no es solo una cuestión científica; es una condición necesaria para pensar su preservación en el largo plazo.

Quienes trabajamos cotidianamente en contacto con este entorno privilegiado sabemos que cada visita representa mucho más que una experiencia turística. El encuentro con el Glaciar Perito Moreno abre una oportunidad única para acercar a miles de personas a nociones fundamentales sobre el cambio climático, la biodiversidad y la importancia de las áreas protegidas. La contemplación, cuando se acompaña de información y contexto, se transforma en comprensión.

La educación ambiental no ocurre de manera espontánea, se construye, en Hielo & Aventura lo hacemos a través de guías capacitados, de políticas diseñadas para reducir el impacto, de explicaciones claras sobre cómo se forman estos sistemas naturales y por qué el Glaciar Perito Moreno presenta un comportamiento singular y cómo interactúa con los ecosistemas que lo rodean. 

Entender estos procesos permite que la experiencia deje una huella más profunda y duradera, educar también implica coherencia. Las prácticas de turismo responsable, la incorporación de tecnología orientada a minimizar el impacto ambiental, el respeto por la flora y la fauna autóctonas y el trabajo conjunto con la comunidad científica son decisiones que expresan una forma de entender la conservación más allá del discurso. 

Formar viajeros más conscientes es, en definitiva, una de las herramientas más poderosas para proteger estos entornos. Quien comprende su valor y los procesos que los sostienen difícilmente permanezca indiferente frente a su deterioro. Educar es una manera concreta de cuidar el ambiente, los recursos y las oportunidades de las generaciones futuras.

En este Día Mundial tan especial para nosotros, reafirmamos una convicción: estos paisajes deben ser admirados y comprendidos. Porque el conocimiento es el primer paso hacia la valoración, y solo aquello que se valora genuinamente tiene posibilidades reales de ser protegido.