Día Internacional de la Comida Picante: ¿puede ser parte de una alimentación saludable?

Cada 16 de enero se celebra el Día Internacional de la Comida Picante, una fecha que invita a poner en valor sabores intensos presentes en múltiples culturas gastronómicas. Más allá del gusto y la tradición, el interés por el picante también despierta preguntas sobre su impacto en la salud y su lugar dentro de una alimentación equilibrada.

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Desde DIM Centros de Salud, la nutricionista Lic. Patricia Mariela Chávez explica que la comida picante puede formar parte de una alimentación saludable, siempre que exista buena tolerancia y se consuma con moderación. “La capsaicina, la sustancia responsable del sabor picante, presenta beneficios potenciales para la salud según distintos estudios. Los alimentos picantes pueden incluirse cuando provienen de alimentos reales y se integran a un patrón de alimentación saludable”, señala la especialista.

No obstante, aclara que hay casos en los que se requiere una evaluación individual, como en embarazadas, personas con migrañas o palpitaciones, adultos mayores, personas con presión arterial no controlada o con determinadas patologías digestivas.

Picante, metabolismo y beneficios para la salud

Consumidos con moderación, los alimentos picantes se asocian a distintos beneficios, entre ellos la reducción del riesgo de enfermedades cardiovasculares, una mayor sensación de saciedad, la promoción del bienestar general y la disminución de procesos inflamatorios. También existen estudios que sugieren un posible efecto protector frente al desarrollo de diabetes tipo 2 y hallazgos preliminares que indican que podrían ralentizar especialmente el envejecimiento metabólico y biológico renal.

En relación con la creencia de que el picante “acelera el metabolismo”, Chávez aclara que “puede favorecer la digestión y generar un aumento transitorio del gasto calórico, pero ese efecto no es clínicamente significativo como para producir pérdida de peso por sí solo”. Por eso, insiste en que los beneficios no dependen de un alimento aislado, sino de un estilo de vida saludable, que incluya una alimentación variada – con vegetales, proteínas magras, cereales integrales – actividad física y buenos hábitos.

Cuándo moderarlo y cómo incorporarlo mejor

El consumo de picantes debe evitarse o limitarse en personas con reflujo gastroesofágico, gastritis, úlcera gástrica, enfermedad inflamatoria intestinal o hemorroides, ya que puede intensificar síntomas como ardor, dolor, náuseas o vómitos. En verano, si bien el picante puede generar una mayor sensación de calor -ya que el cerebro interpreta el estímulo como un aumento de la temperatura corporal-, no es necesario eliminarlo si hay buena tolerancia. En esos casos, se recomienda aumentar la ingesta de agua y evitar combinarlo con bebidas alcohólicas.

Un aspecto positivo es que el picante potencia el sabor de las comidas, lo que permite reducir el agregado de sal, azúcar o grasas, convirtiéndose en un aliado para mejorar la aceptación de preparaciones saludables. Algunas opciones pueden ser zapallitos salteados con ajo, pimienta y ají molido; lentejas especiadas con chile en escamas; o pollo al horno con limón y ají. Para quienes no están habituados, la recomendación es comenzar con niveles de picor suaves e ir ajustando según la tolerancia individual.

Con el asesoramiento de la Lic. Patricia Mariela Chavez (MN 10039 MP 6252), nutricionista en DIM CENTROS DE SALUD