De mi colección a la Tuya

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Hace unos días, durante la ceremonia de los premios Grammy, una frase me quedó resonando. Uno de los hijos de John Lennon (Sean) destacó la importancia de hacer escuchar a las nuevas generaciones la música de los Beatles. Y pensé en cuán cierto es eso: la música no es solo sonido, es herencia, es puente, es memoria compartida.

La transmisión musical es un acto de conexión profunda. No solo pasamos canciones de una generación a otra, sino que con ellas transmitimos emociones, recuerdos y hasta valores. Todos tenemos ese disco o esa canción que alguien nos hizo escuchar por primera vez, casi como un rito de iniciación. Y de repente, esa melodía deja de ser solo una composición para convertirse en parte de nuestra historia.

Mi primer encuentro con los Beatles, por ejemplo, no fue en la radio ni en una película, sino en la colección de vinilos de un familiar. Recuerdo la aguja del Winco bajando sobre el disco simple y el sonido crujiente previo a la música. Ese instante marcó el inicio de una relación con la banda que sigue hasta hoy. Como esa, hay miles de historias. Madres compartiendo boleros con sus hijas, abuelos enseñando tangos a sus nietos, amigos descubriendo juntos nuevas bandas que, con el tiempo, se vuelven parte de su identidad.

Pero lo maravilloso de la música es que la transmisión no es solo en línea recta, de mayores a jóvenes. También sucede al revés. Cuántas veces un hijo le hace escuchar a su madre una banda actual y, sin darse cuenta, le abre la puerta a un nuevo universo sonoro (me pasó con la banda Imagine Dragons). Es un diálogo constante, un hilo invisible que nos une más allá del tiempo y el espacio.

En mi caso, también tuve la oportunidad de transmitirle a mi hijo el amor por una banda. A través de una icónica película, El club de los cinco, le presenté a Simple Minds, y esa canción inolvidable, Don’t You Forget About Me, se convirtió en un nexo entre ambos, en un puente que nos une a través de la música y el cine.

En un mundo que cambia a una velocidad vertiginosa, la música nos ofrece algo fundamental: continuidad. Es un refugio donde distintas generaciones pueden encontrarse y reconocerse. Y en tiempos en los que a veces parece que todo nos separa, compartir una canción es quizás una de las formas más genuinas de estar juntos.

Por eso, celebremos la música como lo que es: un lenguaje universal que nos une, que nos cuenta de dónde venimos y que, con un simple acorde, nos sigue recordando que en el fondo, todos estamos hechos de canciones.