La disfagia es la dificultad para deglutir: puede presentarse al intentar ingerir sólidos, semisólidos o líquidos. La falla puede ocurrir en la fase inicial (boca/garganta) — lo que se conoce como disfagia orofaríngea — o en el tránsito hacia el estómago — disfagia esofágica.
A nivel mundial, se estima que la incidencia de disfagia aumenta con la edad: en adultos mayores, hasta un 15-22 % puede presentar algún grado de dificultad al deglutir. (Nota: valores estimativos — varían según estudios.) En personas con enfermedades neurológicas — como ACV o Parkinson — más del 50 % pueden desarrollar disfagia en algún momento.
En Argentina, aunque no existen cifras nacionales actualizadas abarcativas, estudios clínicos muestran que pacientes post-ACV y adultos mayores ingresados en hospitales tienen una prevalencia de disfagia que ronda entre el 30 y 40 %. En población infantil de riesgo (prematuros o con trastornos neurológicos), la detección temprana y la intervención fonoaudiológica reducen significativamente complicaciones como desnutrición o neumonías por aspiración.
El Dr. Roberto Goldsztein, otorrinolaringólogo de DIM Centros de Salud (MN 35691 – MP 24273) explica: “Cuando el impedimento ocurre en la primera etapa de la deglución está causada por problemas en la boca, la garganta o los nervios. En cambio, si la dificultad aparece en el tránsito hacia el estómago, se trata de disfagia esofágica”. Vemos muchos casos de origen neurológico —ACV, Parkinson, Alzheimer—, pero también musculares, como Miastenia Gravis o Esclerosis Múltiple. Y no debemos olvidar las causas estructurales, como las estenosis o los tumores”.
En cuanto a los síntomas, el especialista indica que “la persona puede sentir que la comida ‘queda retenida’, presentar dolor al tragar, toser al ingerir líquidos o sólidos o sufrir episodios de ahogo. Estos son signos que nunca deben subestimarse”.
Respecto al diagnóstico, remarca que los estudios son clave: “El diagnóstico siempre empieza con una consulta médica. A partir de ahí se indica lo necesario: estudios por imágenes, endoscopia o videofluoroscopía, según el caso. El tratamiento depende completamente de la causa: puede ser rehabilitación, medicación o incluso cirugía”.
Por su parte, la Lic. Karina Gabriela Joandet, fonoaudióloga (MN 5347 – MP 1142) de DIM argumenta: “identificar la disfagia temprano cambia el futuro del paciente, especialmente en niños y adultos mayores”. La profesional coincide en la detección precoz, ya que “evita complicaciones nutricionales y respiratorias que pueden comprometer seriamente el estado clínico del paciente. Esto vale para lactantes, niños y adultos”.
Respecto al trabajo fonoaudiológico, describe un abordaje integral: “Nuestra evaluación incluye observar directamente la alimentación, la postura, el control motor y el estado de conciencia. También analizamos morfología, motilidad y sensibilidad de estructuras orales, linguales, mandibulares y faciales, además de evaluar funciones como la succión, la deglución y la respiración”.
Sobre las causas más frecuentes que llegan al consultorio, coincide con el otorrinolaringólogo: “La mayoría de los casos están vinculados a secuelas de ACV o enfermedades neurodegenerativas. En niños, vemos bebés prematuros que requieren estimulación de la deglución o pacientes con lesiones neurológicas”.
Joandet describe además las señales de alerta que ameritan consulta inmediata:
– Tos o carraspeo al comer, fatiga durante la ingesta, babeo, hipo recurrente, regurgitación, aspiraciones y hasta infecciones respiratorias repetidas.
En cuanto a los estudios diagnósticos, refuerza la necesidad de un abordaje interdisciplinario: “La videofluoroscopía es fundamental para ver la dinámica del tragar y detectar aspiraciones. También utilizamos fibroscopía y phmetría. El diagnóstico no es de un solo profesional: intervienen otorrinolaringología, gastroenterología, neurología, neumonología, nutrición y kinesiología”.
Finalmente, subraya un aspecto humano esencial: “La alimentación es mucho más que nutrición. Es comunicación, emoción y vínculo. Un trastorno de la deglución impacta en todas esas dimensiones”.
El valor humano de “escuchar al cuerpo”: Comer no es sólo nutrirse. El acto de comer más que una función corporal, entra en el círculo de la vida emocional. Así, trastornos de deglución pueden afectar el vínculo con la comida, la autoestima, la socialización y el desarrollo global del individuo.



































