La odisea de ser celíaco: entre la frustración y la falta de opciones

0
278

Salir a comer con amigos, asistir a una reunión o simplemente disfrutar de un café fuera de casa son actividades cotidianas para la mayoría de las personas. Pero para quienes somos celíacos o intolerantes al gluten, estas situaciones pueden convertirse en un verdadero desafío. Lo que debería ser un momento de disfrute muchas veces se transforma en frustración y resignación ante la falta de opciones seguras para nuestra alimentación.

Cada vez que salgo en grupo, la historia se repite: llegamos a un bar o restaurante y, al preguntar por opciones sin TACC, las respuestas suelen ser decepcionantes. “No tenemos nada”, “Hay un alfajor de maicena” o, peor aún, “¿Qué grado de celiaquía tenés?” como si la enfermedad fuera flexible o negociable. En otras ocasiones, me ofrecen productos veganos o vegetarianos, como si evitar el gluten fuera una elección y no una necesidad de salud.

La frustración no se limita solo a los espacios gastronómicos. Ir a comprar alimentos también es una carrera de obstáculos. La oferta de productos sin gluten en los supermercados es limitada, salvo en tiendas especializadas, y los precios son desorbitantes en comparación con los productos comunes. No es justo que comer de manera segura implique gastar mucho más dinero o recorrer media ciudad en busca de opciones.

Sin embargo, hay señales de esperanza. Grandes marcas han comenzado a tomar conciencia de esta necesidad y a ofrecer productos aptos para celíacos. Recientemente, Jorgito anunció el lanzamiento de su alfajor sin TACC, que estará disponible a partir de abril. Para quienes éramos fanáticos de ese alfajor y tuvimos que prescindir de él tras nuestro diagnóstico, esta noticia es motivo de celebración. Otras marcas como Havanna y Beldent también han ampliado su oferta de productos libres de gluten, demostrando que la industria está empezando a cambiar.

La celiaquía no es una moda ni un capricho. Es una condición que exige cuidado y atención, y la falta de conocimiento o de empatía en muchos lugares lo hace aún más complicado. No se trata solo de pedir más opciones en el menú o mejores precios en las tiendas, sino de generar conciencia sobre la importancia de la inclusión alimentaria.

Ojalá llegue el día en que salir a comer con amigos no implique preguntar con miedo, sino elegir con tranquilidad. Hasta entonces, seguimos en la odisea de ser celíacos en un mundo que aún no nos tiene del todo en cuenta, aunque poco a poco algunas puertas comienzan a abrirse.